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Epílogo para una restauración

  • 11 may 2017
  • 3 Min. de lectura

Eran las tres en punto de la tarde y en todos los relojes marcaban 33º C, a las tres en punto de la tarde…,, y aunque a falta de dos horas, no pude evitar que resonara en mi cabeza el poema de Lorca, … en su conocidos versos “ cogida y muerte” dedicado a otro insigne torero de igual trágico destino.

Llegaba por fin el Mercedes a Córdoba , vieja ciudad califal a orillas del Guadalquivir, rio grande, como lo traducirían los árabes del Medioevo …. y también cualquier árabe de los de ahora, con poco que aguzase el oído.

Allí lo esperaba Don Enrique, tras recorrer los más de 400 km que lo separaban de Madrid, entre ansioso y expectante, es orgulloso propietario de esta joya de la factoría Daimler de preguerra.

Es un melillense de pro, que supo aguardar los meses necesarios para ver las transformaciones que habíamos llevado a cabo en su coche.

Y aguardó con esa paciencia, con la que dota a sus habitantes la bella urbe española, afincada en la otra orilla del Mediterráneo. Es una templanza impuesta por mor de su lejanía y no pocas veces también, por lo incierto de las comunicaciones marítimas y otros avatares fronterizos.

Este veterano es un muy querido y preciado por Don Enrique y como tal le dispensa los mimos y la consideración que merecen sus muchos años y su acreditado historial.

A este propietario se le debe la preservación de una parte del patrimonio automovilístico, que constituye ya un elemento sustancial del legado histórico de esa España de los años 40, en la que era difícil cruzarse con otro coche por nuestras carreteras.

Primera decepción, le pido amablemente a Don Enrique que me deje a mí conducir los primeros kilómetros.

Rodamos por esas callejuelas entrecortadas de Córdoba, ...semáforos, primera…, segunda, parada…, primera,…y vuelta a empezar…,¡atasco! .... tras no poco tiempo, pudimos salir a la autopista.

Ahí es donde Don Enrique, a pesar de su temperamento contenido, no pudo aguardar más y me pidió conducir su coche…., para eso es suyo…, que carambas.., así que al igual que el diestro frente a sus subalternos, con esa templanza que antes mencionábamos, me dijo: "Déjenme que sigo yo".

Ya en la autopista, el motor recién reconstruido mostró su rejuvenecimiento, empujando con brío en las cuestas y rodando a velocidades no alcanzadas posiblemente desde hacía ya muchos años.

Sentada atrás iba Noelia, la elegante Sevillana responsable de la organización de la exposición en honor a Manolete. Noelia, no dejaba de contemplar con asombro, como este coche de 80 años podía rodar así(era su primera vez....), a eso se le unía la emoción de subirse al viejo auto de su admirado torero.

Yo miraba la temperatura en la calle y seguían esos implacables 33º grados, pero me dije, ¿qué mejor prueba que ésta?.

Anduvimos unos cuantos kilómetros por esas autopistas que cruzan los bujeos cordobeses, donde el trigo crece como en ninguna otra tierra de secano española, a causa de sus inmensas grietas arcillosas, que conservan el agua y hacen aflorar a superficie, los nutrientes necesarios para el buen desarrollo de nuestros cereales de invierno.

Por último volvimos a la ciudad que transformara definitivamente el primer Califa cordobés Abdurrehman III, con esa ampliación del mihrab de la mezquita, sus numerosas bibliotecas y sus callejuelas estrechas y llenas de encanto y singularidad, que nos transportan a una época ya lejana.

Tras otro callejeo y paradas interminables ante más semáforos, nos detuvimos frente al antiguo palacete que perteneció al insigne Manolete y donde permaneciera estacionado en los años 40, con mucha probabilidad en el interior del jardín del diestro, aguardando para llevarlo a su próxima faena en cualquiera de las tierras castellanas o andaluzas.

Finalmente volvimos a nuestro hotel y todo correcto, el motor mantuvo su temperatura de trabajo todo el tiempo, las marchas entraban con facilidad y su motor presentaba el aspecto limpio y aseado que da las carencias de pérdidas de líquidos.

Nuestro veterano se merecía un descanso, fue por sus propios medios hasta el Palacio de Orive, donde ocupando el lugar de honor de la sala, en el centro de la misma, constituye el principal atractivo de esa exposición que rememora el centenario del nacimiento del diestro.

¡Un coche como éste no se merecía menos que un palacio para ser contemplado!

Vídeo de la inauguración de la exposición

 
 
 

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